viernes, 27 de septiembre de 2013
domingo, 22 de septiembre de 2013
HISTERIA... EL OTRO LADO
A: - ¿hey qué hacés de nuevo detrás mío?
B: - no pude evitarlo
A: - Andas muy mimoso hoy
B: - Eres el amor de mi vida.
A: -El amor de tu vida.?Una mujer que vive en otro país, quiere a otro hombre es el amor de tu vida? qué jodido estás.
B: - Sí. No me importa.El amor no entiende de eso.
INFAME
INFAMEEE
!
El APOGEO DEL HISTERIQUISMO.
Algunas otras actitudes del histérico son reiteradas invitaciones que, por supuesto, nunca se concretan, falsas promesas que hasta te empalagas al escucharlas, y mucha…mucha excusa de por medio. Una frase my típica del histérico es: “me moría de ganas de verte”. Si te morís de ganas de verme, me raptas, flaco, no me mandas un mensaje quedándote con las ganas. Y menos que menos…dejándome a MI con las ganas! Qué parte no entendiste?
Lana
... yo te voy a presentar un hombre de verdad, que te hace la comida, no solo hace la comida, sino que esa comida la mató el mismo por la mañana
Luciano
INFAMEEE
!
El APOGEO DEL HISTERIQUISMO.
Algunas otras actitudes del histérico son reiteradas invitaciones que, por supuesto, nunca se concretan, falsas promesas que hasta te empalagas al escucharlas, y mucha…mucha excusa de por medio. Una frase my típica del histérico es: “me moría de ganas de verte”. Si te morís de ganas de verme, me raptas, flaco, no me mandas un mensaje quedándote con las ganas. Y menos que menos…dejándome a MI con las ganas! Qué parte no entendiste?
Lana
... yo te voy a presentar un hombre de verdad, que te hace la comida, no solo hace la comida, sino que esa comida la mató el mismo por la mañana
Luciano
... esos tipos se alimentan de ilusiones, viven a pura masturbación.
Anto
José Luis Rodríguez -psicoterapeuta, especialista en sexología clínica y docente universitario- “definir el histeriqueo como un escarceo de seducción puede resultar insuficiente, ya que es un juego perverso en el que seducir difícilmente se concreta, y lo que se busca es llamar la atención y alimentar la propia autoestima”.
¿Qué onda? ¿Ni siquiera para tener relaciones son claros o les da miedo que ver dos veces a la misma persona pueda ser peligroso para su carencia de compromiso afectivo?”
Clara
Un grito sordo en la oscuridad, una señal de humo que no llega, una tendencia que se repite hasta bien pasada la adolescencia para darnos cuenta que en el fondo, se quiere los mismo: llegar a conectarse, el desafío parecería ser el aprender cómo.
Analía
y la verdad, es que se rompen demasiados corazones y muy pocos respaldos de cama.
sábado, 21 de septiembre de 2013
El uno para el otro
por Hernán Casciari
por Hernán Casciari
Salir de casa para cenar con gente implica una serie de actividades molestas: bañarse, vestirse, perderse un partido de la Eurocopa, comprar un vino caro, sonreír dos horas sin ganas, a veces tres. Que te acompañen por las habitaciones para que veas una casa que no te importa. Dejar a tu hija con los abuelos, extrañarla. Cenar sin tele, sin cocacola, comer ensalada de primer plato, no desentonar, no fumar si no hay ceniceros a la vista. Muchísimo menos sacar la bolsita feliz. Son demasiadas cosas para la edad que tengo.
El viernes padecí una de estas cenas absurdas que ocurren cuando estás en pareja: Cristina tiene una amiga íntima que se fue a vivir con un señor. Hasta ahí todo bien. El problema empezó cuando entre las dos organizaron una cena. Corrijo: el problema empezó cuando me incluyeron en la cena.
Porque hasta entonces Cristina tenía una amiga soltera con la que almorzaba o cenaba cada tanto, pero ellas solas: yo no participaba en la relación. Pero ahora, que la amiga vive en pareja con alguien, me invitan. Supongo que por una cuestión de simetría.
—Quieren que conozcamos la casa —me dice Cristina—. Además él parece majo.
—Ningún hombre que acepta cenar a la misma hora que se juega la Eurocopa es majo —sentencié—. Es puto.
Llegamos a las nueve en punto, con un vino en la mano. Mireia, la amiga de Cristina, estaba radiante, colgada del brazo de este buen hombre, al que no conocíamos. La casa era la de él. Una casa moderna, en las afueras de Barcelona.
—Él es Pol —dijo Mireia.
—El famoso Pol —dijo Cristina, y le dio dos besos. Yo le di la mano y sonreí.
Pol era de esos tipos más jóvenes que yo, tres o cuatro años menos, pero que me generan el mismo respeto abismal que si tuviera veinte años más. La ropa le quedaba bien, estaba afeitado y se movía como si fuera grande. Esa clase de gente pulcra por convicción, no por mandato de la mujer o la madre. A Pol, con toda seguridad, nadie le dijo aquella tarde que se bañara y se pusiera perfume a los costados del cogote. Lo hizo solo, lo hizo por gusto. Era esa clase de gente incomprensible.
La cena, como es lógico, transcurrió por el andarivel de los lugares comunes. Una charla lánguida en la que se escuchaban los ruiditos de los tenedores contra los platos. Se notaba que ellas —Cristina y Mireia— tenían muchas ganas de hablar a calzón quitado sobre temas propios de mujeres; se notaba también que no lo hacían por culpa de nuestras presencias masculinas. ¿Por qué entonces habían organizado una cena de cuatro?
Más tarde entendí que ésa era la única manera de que Cristina pudiera conocer a Pol sin apuros —conocerlo de un modo social, quiero decir— para así después, a solas con su amiga, sacar conclusiones. Nosotros éramos muebles en la reunión, elementos anecdóticos. Y yo más que nadie.
Tuve una breve presencia discursiva durante la cena. Fue cuando el tema fue nuestra hija. No me cuesta hablar sobre esa cuestión y además los anfitriones parecían estar muy interesados en ella, aunque no tanto como para haberla invitado. Todo hubiera sido diferente con Nina en la mesa: yo habría podido hablar con alguien de mi edad.
En general la charla la llevaban las mujeres. Pol y yo nos sonreímos, en silencio, un par de veces. Al principio de la noche intenté sacar el tema futbolístico, pero no encontré respuesta por su parte. Él después me tanteó en cuestiones de negocios, pero yo bajé la vista y mordí una aceituna. No tardamos más de un minuto en sabernos incompatibles, y desistimos con hidalguía.
Sin embargo ocurrió algo que me reconcilió un poco con él. En cierto momento, a los postres creo, me hizo una mueca leve: entornó los párpados, levantó las cejas y movió la cabeza de arriba a abajo. Era el gesto masculino universal, el que dice: Hermano, aguantemos que falta poco. Me hizo bien saber que no era yo el único que llevaba el peso del aburrimiento en la mesa.
Cuando llegaron los cafés Mireia nos contó cómo se conocieron, ella y Pol. No podía faltar la minucia romanticona. Por lo que oí, ambos trabajan en la misma multinacional, ella de secretaria ejecutiva y él como responsable de recursos humanos. Aburridísima anécdota. El amor empezó a cuajar, por lo visto, en los pasillos de la empresa.
—De a poco —nos contaba Mireia, con una sonrisa gigante de mujer enamorada—, Pol empezó a hacerme obsequios imprevistos. Primero una flor, después un libro. Más tarde unas sandalias.
Pol sonreía, incómodo. Yo intentaba no mirarlo.
—Qué galán —dijo Cristina.
—Pero lo increíble de sus regalos —siguió Mireia—, es que nunca falló con mis gustos. La flor, una orquídea; el libro, de Coelho; las sandalias, de Koh-Tao…
—Como si te conociera de toda la vida —dijo Cristina, emocionada, y me miró con asco, posiblemente recordando el long play de Pappo’s Blues que le regalé para nuestro aniversario.
—Sí —aceptó Mireia, tomando la mano de su media naranja, y mirándolo a los ojos—, como si fuésemos almas gemelas.
Pol parecía intranquilo. No porque Cristina conociese esas intimidades rococó, sino por mi presencia observadora. A ningún hombre le gusta que otro escuche los detalles melosos de sus galanterías.
Hice un esfuerzo inhumano en favor de la raza:
—Pol —le dije, levantándome—, ¿me indicás dónde hay una terracita o algo, para fumar un cigarro?
Nos fuimos escaleras arriba, con dos cervezas. Todavía no habían desaparecido nuestros talones del comedor cuando las voces de Cristina y Mireia se convirtieron en murmullo cómplice y en risa ahogada: ya estaban hablando, por fin sin testigos, en el tono con que ellas solían hablar a solas.
—Disculpa lo del cigarro —me dijo Pol, ya acomodados en un balcón inmenso—, pero prefiero que los invitados fumen fuera.
—No quería fumar —mentí a medias—, quería salvarte de la charla cursi. Y salvarme yo también de tener que escucharla… Las intimidades me ponen nervioso.
—A veces conocer los secretos de los demás puede ser muy útil —me dijo con misterio, y bebió su cerveza.
Había cambiado la voz. De repente, al aire libre y con la luz de la luna, era otra clase de hombre, distinto al que había sido durante la cena. O eso me pareció.
—¿Quieres que te cuente, de verdad, cómo conocí a Mireia? —me preguntó, y aquí viene el motivo por el que estoy escribiendo esto.
—Contame, claro —y prendí un cigarro.
—Yo trabajo en tecnología, y aparte de que mis tareas incluyen controlar lo que hacen en Internet los cuatro mil empleados de la compañía, hace un año activé un sistema que me permite ver qué buscan los empleados en el Google.
—¿Eso no es ilegal?
—Es útil, lo útil nunca es ilegal —me dijo—. Google es una herramienta increíble. Las personas acuden a él como hace mil años acudían a los brujos, o al oráculo… La gente hace las preguntas más inverosímiles, pero son también preguntas decisivas. El buscador es una especie de Dios personal que no juzga, que solamente ofrece respuestas aleatorias, en general muy malas respuestas. Pero qué importa…
—Lo importante en tu trabajo no son las respuestas —intuí.
—Exacto —dijo Pol—. Lo que importa son las preguntas, las búsquedas en sí mismas. Un empleado con acceso a Internet busca cosas veinte o treinta veces por día…, diferentes cosas, siempre según su estado de ánimo y su necesidad vital. Si tú pones en papel las búsquedas que hace una persona en un año, tendrás el verdadero diario íntimo de quien quieras. El diario íntimo que nadie se atrevería a escribir.
Pensé en mis búsquedas privadas de Google. Me avergoncé tímidamente y le di la razón en silencio.
—La gente tiene inquietudes muy curiosas —me dijo Pol—. Ciertos gerentes de mi empresa, en apariencia muy seguros de sí mismos, buscan perfumes con feromonas para atraer mujeres. Por ejemplo. Algunas administrativas veteranas, con hijos ya adolescentes, ésas que se desviven hablando de su familia y tal, buscan todas las tardes videos de mujeres besándose. Hay un cadete al que le gusta ver fotos de viejas desnudas, ancianas de noventa años con las tetas por las rodillas, como uvas pasas, cosas por el estilo. Y así te podría contar la historia secreta de la Humanidad, a escala. Lo que hacen cuatro mil personas en una empresa no es muy diferente a los que hacen seis mil millones en el mundo entero.
Me vino a la cabeza, inmediatamente, aquel cuento de Borges en donde un cartógrafo decide componer un mapa que lo incluya todo y que, después de muchos años de trabajo, descubre que el mapa tiene la forma de su propio rostro. Estuve a punto de comentar esto, pero me interesaba mucho más que Pol siguiera con su monólogo.
— Desde hace un año, las búsquedas de todos mis empleados quedan guardadas en inmensos data warehouses —lo dijo en perfecto inglés—. Con esa información yo saco conclusiones a nivel management, claro. Pero también puedo saber, por ejemplo, qué tipo de flor le gusta a la nueva secretaria.
—O qué libro de Coelho.
Él rió.
—O qué marca de sandalia —me dijo entonces, con su verdadera sonrisa, que era una muy diferente a sus sonrisas de la mesa—… Mireia primero me entró por los ojos, desde el primer día que la vi aparecer por la puerta. Pero desde entonces mi trabajo fue minucioso: empecé a saber qué quería, qué temía, qué cosas la motivaban, qué compraba y qué vendía. En qué creía y, sobre todo, qué estaba dispuesta a creer. Con la mitad de esos datos, te follas a cualquier mujer en hora y media de charla. Imagina entonces lo que puede hacer un gobierno con las búsquedas de un pueblo entero.
Me lo imaginé y me dio asco. No el mundo, sino el nuevo Pol, el Pol de la terraza. Preferí mil veces al otro, al tímido que tomaba de la mano a su novia y la miraba a los ojos en la sobremesa. Pero ya no vería más a aquél, porque había conocido a éste. Y éste mataba al anterior.
El otro, el Pol galante y primerizo, seguramente era ahora mismo el tema de conversación en la charla femenina del comedor. Mireia le estaría confesando a Cristina que su novio nuevo era perfecto y sensible, que conocía mágicamente sus preferencias en la cocina y en la cama. Que le gustaban las mismas canciones, los mismos libros, que hacían el mismo zapping, que planeaban sus viajes con certeza telepática.
—Ahora estoy investigando a una tetona que entró hace dos meses al departamento de prensa —me decía Pol, pero yo casi no lo escuchaba—. Una rubia hermosa: le gusta ver fotos de gente atropellada. La semana pasada me le aparecí fingiendo una muñeca fracturada y me comió con los ojos. La tengo ahí, pidiéndome por favor.
Pero yo no estaba más en el balcón. Seguía pensando en la conversación de abajo. En la pobre Cris, escuchando y quizás envidiando todas aquellas maravillas sobre las parejas ideales y los varones perfectos. La idealización del amor, los hombres que usan la camisa adentro, los hogares libres de humo, la íntima sensación de haber dado con la persona correcta… El uno para el otro, siempre. ¿Por qué le regalé a Cristina ese long play para nuestro aniversario? ¿Qué buscará ella en Google? ¿Cómo se me ocurre pensar que a una catalana le puede gustar Pappo’s Blues? No. No hay respuestas para todo. No es bueno que las haya.
martes, 17 de septiembre de 2013
viernes, 6 de septiembre de 2013
jueves, 5 de septiembre de 2013
Hablaron mucho, de viaje, de arte, de la gente.
Nada fue objetable, todo fue positivo
Extraños y cercanos,
mecidos por el diafragma caprichoso de deseo.
Guardaron largos silencios que nunca fueron incomodos
no habia prisa.
Coincidieron en casi todo.
Respetaron sus mutuos paroxismos.
Se bastaron a si mismos.
Trataron sus deseos como necesidades.
Se contaron sus sueños.
Escanciaron la vida.
Se llamaron el uno al otro con apodos cariñosos
Se dijeron amorosas incoherencias
que solo ellos comprendieron.
Se leyeron mutuamente el horoscopo.
Salieron bastante,
aunque solo en dias de diario.
Se llamaron la atencion
con simples miradas sobre las mismas cosas
Los titulares de los periodicos,
la corporeidad de los viajeros
de un metro de autobus,
la guardia baja de la gente,
sus radiografias en bolsas rectangulares,
las ojeras.
Tu me muestras lo que no conosco.
Yo te recuerdo lo que has olvidado.
Todo fue increible.
De vuelta en su hogar,
no necesitaron el desplasamiento.
Escucharon el mundo
desde la caracola de su intimidad.
Nada fue objetable, todo fue positivo
Extraños y cercanos,
mecidos por el diafragma caprichoso de deseo.
Guardaron largos silencios que nunca fueron incomodos
no habia prisa.
Coincidieron en casi todo.
Respetaron sus mutuos paroxismos.
Se bastaron a si mismos.
Trataron sus deseos como necesidades.
Se contaron sus sueños.
Escanciaron la vida.
Se llamaron el uno al otro con apodos cariñosos
Se dijeron amorosas incoherencias
que solo ellos comprendieron.
Se leyeron mutuamente el horoscopo.
Salieron bastante,
aunque solo en dias de diario.
Se llamaron la atencion
con simples miradas sobre las mismas cosas
Los titulares de los periodicos,
la corporeidad de los viajeros
de un metro de autobus,
la guardia baja de la gente,
sus radiografias en bolsas rectangulares,
las ojeras.
Tu me muestras lo que no conosco.
Yo te recuerdo lo que has olvidado.
Todo fue increible.
De vuelta en su hogar,
no necesitaron el desplasamiento.
Escucharon el mundo
desde la caracola de su intimidad.
domingo, 1 de septiembre de 2013
Farewell
Por Pablo NerudaDesde el fondo de ti, y arrodillado,
un niño triste como yo, nos mira.
Por esa vida que arderá en sus venas
tendrían que amarrarse nuestras vidas.
Por esas manos, hijas de tus manos,
tendrían que matar las manos mías.
Por sus ojos abiertos en la tierra
veré en los tuyos lágrimas un día.
Yo no lo quiero, Amada.
Para que nada nos amarre
que no nos una nada.
Ni la palabra que aromó tu boca,
ni lo que no dijeron tus palabras.
Ni la fiesta de amor que no tuvimos,
ni tus sollozos junto a la ventana.
Amo el amor de los marineros
que besan y se van.
Dejan una promesa.
No vuelven nunca más.
En cada puerto una mujer espera:
los marineros besan y se van.
(Una noche se acuestan con la muerte
en el lecho del mar.)
Amo el amor que se reparte
en besos, lecho y pan.
Amor que puede ser eterno
y puede ser fugaz.
Amor que quiere libertarse
para volver a amar.
Amor divinizado que se acerca
Amor divinizado que se va.
Ya no se encantarán mis ojos en tus ojos,
ya no se endulzará junto a ti mi dolor.
Pero hacia donde vaya llevaré tu mirada
y hacia donde camines llevarás mi dolor.
Fui tuyo, fuiste mía. ¿Qué más? Juntos hicimos
un recodo en la ruta donde el amor pasó.
Fui tuyo, fuiste mía. Tú serás del que te ame,
del que corte en tu huerto lo que he sembrado yo.
Yo me voy. Estoy triste: pero siempre estoy triste.
Vengo desde tus brazos. No sé hacia dónde voy.
...Desde tu corazón me dice adiós un niño.
Y yo le digo adiós.
jueves, 29 de agosto de 2013
sábado, 24 de agosto de 2013
¿Dónde estaba todo dicho?
En el espacio entre un sillón y otro
En el mensaje de texto
En la llamada
Parado en la puerta a punto de tocar el timbre
En las horas
En el enojo por no convencer
En el abrazo
En el abismo de la canción
En la franela de la banda
En las deshoras
En la letra chica
En la letra chica
Esta todo dicho acá,
En el espacio entre un sillón y otro
En el mensaje de texto
En la llamada
Parado en la puerta a punto de tocar el timbre
En las horas
En el enojo por no convencer
En el abrazo
En el abismo de la canción
En la franela de la banda
En las deshoras
En la letra chica
En la letra chica
Esta todo dicho acá,
domingo, 18 de agosto de 2013
Antes que despiertes quiero dejar en claro
Que no voy a dar el brazo a torcer
Como llegamos hasta acá
Donde mi peor yo nos abraza
Y no se si abrir la boca sin ningún control
Si me vas a arruinar
No lo des por hecho
Hasta que lo hagas de verdad
Te vi partir en dos la lanza
Y me dejaste clavada la mitad
No voy a quejarme
No voy a llorar
Y no voy a unirme a vos
Aunque me claves la otra mitad
Antes que te duermas quiero dejar en claro
Que peleas con un espejo de pared
Como llegamos hasta acá
Donde tu peor yo se te instala
Y decide sacarnos la piel
Si me vas a empujar
No me des por muerto
Hasta que me caiga de verdad
Te vi partir en dos la lanza
Y me dejaste clavada la mitad
No voy a quejarme
No voy a llorar
Y no voy a unirme a tu club
Aunque me claves la otra mitad
http://www.youtube.com/watch?v=Lrn8XIU1xqM
Que no voy a dar el brazo a torcer
Como llegamos hasta acá
Donde mi peor yo nos abraza
Y no se si abrir la boca sin ningún control
Si me vas a arruinar
No lo des por hecho
Hasta que lo hagas de verdad
Te vi partir en dos la lanza
Y me dejaste clavada la mitad
No voy a quejarme
No voy a llorar
Y no voy a unirme a vos
Aunque me claves la otra mitad
Antes que te duermas quiero dejar en claro
Que peleas con un espejo de pared
Como llegamos hasta acá
Donde tu peor yo se te instala
Y decide sacarnos la piel
Si me vas a empujar
No me des por muerto
Hasta que me caiga de verdad
Te vi partir en dos la lanza
Y me dejaste clavada la mitad
No voy a quejarme
No voy a llorar
Y no voy a unirme a tu club
Aunque me claves la otra mitad
http://www.youtube.com/watch?v=Lrn8XIU1xqM
domingo, 11 de agosto de 2013
Entre os anos 70 e 80, Marina Abramovic viveu um intensa história de amor com Ulay. Por forças que ninguém sabe, acabaram se separando e cada um seguiu o seu caminho. Mas em 2010, quando Marina já era artista consagrada, o Museu de Arte Moderna (MoMa) de Nova Iorque dedicou uma retrospectiva à sua obra. Nessa retrospectiva, Marina partilhava um minuto de silêncio com cada estranho que se sentasse à sua frente. O que ela não esperava era que Ulay chegasse no local sem que ela soubesse
lunes, 5 de agosto de 2013
domingo, 4 de agosto de 2013
CERRANDO CÍRCULOS
O cerrando puertas. O cerrando capítulos. Como quieras llamarlo.
Lo importante es poder cerrarlos. Lo importante es poder dejar ir momentos de la vida que se van clausurando. ¿Terminó tu trabajo? ¿Se acabó la relación? ¿Ya no vives más en esa casa? ¿La amistad se acabó? Puedes pasar mucho tiempo de tu presente "revolcándote" en los porqués, en devolver el cassette y tratar de entender por qué sucedió tal o cuál hecho.
El desgaste va a ser infinito porque en la vida, tú, tus amigos, tus hijos, tus hermanas, todos y todas estamos abocados a ir cerrando capítulos. A pasar la hoja. A terminar con etapas o con momentos de la vida y seguir para adelante. No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos por qué. Lo que sucedió, hecho está. Y hay que soltar, hay que desprenderse. No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros. ¡No, los hechos pasan y hay que dejarlos ir!
Por eso a veces es tan importante romper fotos, quemar cartas, destruir recuerdos, cambiar de casa. Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación. Dejar ir, soltar, desprenderse. En la vida nadie juega con las cartas marcadas y hay que aprender a perder y a ganar.
Hay que dejar ir, hay que pasar la hoja, hay que vivir solo lo que tenemos en el presente. El pasado ya pasó. No esperes que te devuelvan, no esperes que te reconozcan, no esperes que alguna vez se den cuenta de "quien eres". No!, suelta. Con el resentimiento, al ver "tu pelicula" personal para darte y darle al asunto, lo único que consigues es dañarte mentalmente, envenenarte, amargarte. La vida esta para adelante, nunca para atrás. Porque si andas por la vida dejando "puertas abiertas", por si acaso, nunca podrás desprenderte ni vivir lo de hoy con satisfacción. Noviazgos o amistades que no clausuran, posibilidades de "regresar" (¿a qué?), necesidad de aclaraciones, palabras que no se dijeron, silencios que lo invadieron. ¡Si puedes enfrentarlos ya y ahora, hazlo! Si no, déjalo ir, cierra capítulos. Convéncete, que no vuelve.
Pero no por orgullo ni por soberbia sino porque tú ya no encajas allí: en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en ese escritorio, en ese oficio, ya no eres el mismo que se fue, hace dos días, hace tres meses, hace un año, por lo tanto, no hay nada a qué volver. Es salud mental, amor por tí mismo desprende lo que ya no esta en tu vida..
Recuerda que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo, porque cuando llegaste a este mundo lo hiciste sin ese adhesivo, por lo tanto es costumbre vivir pegado a él y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, hoy te duele dejar ir. Solo es costumbre, apego, necesidad. Pero, cierra, clausura, limpia, tira, oxigena, despréndete, sacude, suelta.
Hay tantas palabras para significar salud mental y cualquiera que sea la que escojas, te ayudará definitivamente a seguir para adelante con tranquilidad.
¡Ésa es la vida!
©Gloria Hurtado
Psicóloga y columnista colombiana
O cerrando puertas. O cerrando capítulos. Como quieras llamarlo.
Lo importante es poder cerrarlos. Lo importante es poder dejar ir momentos de la vida que se van clausurando. ¿Terminó tu trabajo? ¿Se acabó la relación? ¿Ya no vives más en esa casa? ¿La amistad se acabó? Puedes pasar mucho tiempo de tu presente "revolcándote" en los porqués, en devolver el cassette y tratar de entender por qué sucedió tal o cuál hecho.
El desgaste va a ser infinito porque en la vida, tú, tus amigos, tus hijos, tus hermanas, todos y todas estamos abocados a ir cerrando capítulos. A pasar la hoja. A terminar con etapas o con momentos de la vida y seguir para adelante. No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos por qué. Lo que sucedió, hecho está. Y hay que soltar, hay que desprenderse. No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros. ¡No, los hechos pasan y hay que dejarlos ir!
Por eso a veces es tan importante romper fotos, quemar cartas, destruir recuerdos, cambiar de casa. Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación. Dejar ir, soltar, desprenderse. En la vida nadie juega con las cartas marcadas y hay que aprender a perder y a ganar.
Hay que dejar ir, hay que pasar la hoja, hay que vivir solo lo que tenemos en el presente. El pasado ya pasó. No esperes que te devuelvan, no esperes que te reconozcan, no esperes que alguna vez se den cuenta de "quien eres". No!, suelta. Con el resentimiento, al ver "tu pelicula" personal para darte y darle al asunto, lo único que consigues es dañarte mentalmente, envenenarte, amargarte. La vida esta para adelante, nunca para atrás. Porque si andas por la vida dejando "puertas abiertas", por si acaso, nunca podrás desprenderte ni vivir lo de hoy con satisfacción. Noviazgos o amistades que no clausuran, posibilidades de "regresar" (¿a qué?), necesidad de aclaraciones, palabras que no se dijeron, silencios que lo invadieron. ¡Si puedes enfrentarlos ya y ahora, hazlo! Si no, déjalo ir, cierra capítulos. Convéncete, que no vuelve.
Pero no por orgullo ni por soberbia sino porque tú ya no encajas allí: en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en ese escritorio, en ese oficio, ya no eres el mismo que se fue, hace dos días, hace tres meses, hace un año, por lo tanto, no hay nada a qué volver. Es salud mental, amor por tí mismo desprende lo que ya no esta en tu vida..
Recuerda que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo, porque cuando llegaste a este mundo lo hiciste sin ese adhesivo, por lo tanto es costumbre vivir pegado a él y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, hoy te duele dejar ir. Solo es costumbre, apego, necesidad. Pero, cierra, clausura, limpia, tira, oxigena, despréndete, sacude, suelta.
Hay tantas palabras para significar salud mental y cualquiera que sea la que escojas, te ayudará definitivamente a seguir para adelante con tranquilidad.
¡Ésa es la vida!
©Gloria Hurtado
Psicóloga y columnista colombiana
sábado, 3 de agosto de 2013
domingo, 28 de julio de 2013
...
" El tiempo todo lo cura" . Eso decía mi viejo y tenía razón.
Cualquier que sea el dolor, el tiempo lo cura.
Un arañazo en la espalda causado por esas uñazitas finas, sin pintar de manos pequeñas y singulares, el tiempo lo cura.
Una pellizcada debajo de la costilla que venía de esos juegos malditos de las cosquillitas que me hacía. Insana. El tiempo lo cura.
Ese chichón que me quedó en la frente del encontronazo del primer intento de beso, muy torpe por cierto, el tiempo lo cura.
Esa mordida en el labio inferior, muy leve, muy astuta, muy pícara, muy caliente, el tiempo lo cura.
Ese agujero en el pecho que se abre a cada recuerdo. El tiempo lo cura.
Esa falta de aire, ese palpito, ese frió, esa fiebre, el vértigo... el tiempo todo lo cura.
Y tenía razón mi viejo... y sigo esperando el tiempo sanador... y ya pasaron 310 días 8 horas y 2 minutos y el tiempo todo lo cura.
" El tiempo todo lo cura" . Eso decía mi viejo y tenía razón.
Cualquier que sea el dolor, el tiempo lo cura.
Un arañazo en la espalda causado por esas uñazitas finas, sin pintar de manos pequeñas y singulares, el tiempo lo cura.
Una pellizcada debajo de la costilla que venía de esos juegos malditos de las cosquillitas que me hacía. Insana. El tiempo lo cura.
Ese chichón que me quedó en la frente del encontronazo del primer intento de beso, muy torpe por cierto, el tiempo lo cura.
Esa mordida en el labio inferior, muy leve, muy astuta, muy pícara, muy caliente, el tiempo lo cura.
Ese agujero en el pecho que se abre a cada recuerdo. El tiempo lo cura.
Esa falta de aire, ese palpito, ese frió, esa fiebre, el vértigo... el tiempo todo lo cura.
Y tenía razón mi viejo... y sigo esperando el tiempo sanador... y ya pasaron 310 días 8 horas y 2 minutos y el tiempo todo lo cura.
domingo, 14 de julio de 2013
viernes, 12 de julio de 2013
Wislawa Szymborska (Kornik, 1923 , Cracovia 2012)
Amor a primera vista
Ambos están convencidos
de que los ha unido un sentimiento repentino.
Es hermosa esa seguridad,
pero la inseguridad es más hermosa.
Imaginan que como antes no se conocían
no había sucedido nada entre ellos.
Pero ¿qué decir de las calles, las escaleras, los pasillos
en los que hace tiempo podrían haberse cruzado?
Me gustaría preguntarles
si no recuerdan
-quizá un encuentro frente a frente
alguna vez en una puerta giratoria,
o algún "lo siento"
o el sonido de "se ha equivocado" en el teléfono-,
pero conozco su respuesta.
No recuerdan.
Se sorprenderían
de saber que ya hace mucho tiempo
que la casualidad juega con ellos,
una casualidad no del todo preparada
para convertirse en su destino,
que los acercaba y alejaba,
que se interponía en su camino
y que conteniendo la risa
se apartaba a un lado.
Hubo signos, señales,
pero qué hacer si no eran comprensibles.
¿No habrá revoloteado
una hoja de un hombro a otro
hace tres años
o incluso el último martes?
Hubo algo perdido y encontrado.
Quién sabe si alguna pelota
en los matorrales de la infancia.
Hubo picaportes y timbres
en los que un tacto
se sobrepuso a otro tacto.
Maletas, una junto a otra, en una consigna.
Quizá una cierta noche el mismo sueño
desaparecido inmediatamente después de despertar.
Todo principio
no es mas que una continuación,
y el libro de los acontecimientos
se encuentra siempre abierto a la mitad.
De "Fin y principio" 1993
Versión de Abel A. Murcia
Ambos están convencidos
de que los ha unido un sentimiento repentino.
Es hermosa esa seguridad,
pero la inseguridad es más hermosa.
Imaginan que como antes no se conocían
no había sucedido nada entre ellos.
Pero ¿qué decir de las calles, las escaleras, los pasillos
en los que hace tiempo podrían haberse cruzado?
Me gustaría preguntarles
si no recuerdan
-quizá un encuentro frente a frente
alguna vez en una puerta giratoria,
o algún "lo siento"
o el sonido de "se ha equivocado" en el teléfono-,
pero conozco su respuesta.
No recuerdan.
Se sorprenderían
de saber que ya hace mucho tiempo
que la casualidad juega con ellos,
una casualidad no del todo preparada
para convertirse en su destino,
que los acercaba y alejaba,
que se interponía en su camino
y que conteniendo la risa
se apartaba a un lado.
Hubo signos, señales,
pero qué hacer si no eran comprensibles.
¿No habrá revoloteado
una hoja de un hombro a otro
hace tres años
o incluso el último martes?
Hubo algo perdido y encontrado.
Quién sabe si alguna pelota
en los matorrales de la infancia.
Hubo picaportes y timbres
en los que un tacto
se sobrepuso a otro tacto.
Maletas, una junto a otra, en una consigna.
Quizá una cierta noche el mismo sueño
desaparecido inmediatamente después de despertar.
Todo principio
no es mas que una continuación,
y el libro de los acontecimientos
se encuentra siempre abierto a la mitad.
De "Fin y principio" 1993
Versión de Abel A. Murcia
martes, 9 de julio de 2013
Creo que es momento
para otra bomba de humo
y batirme en retirada
Nuestra sociedad me perjudica
vos no sos una chica cualquiera
Que ridículo es que pienses
que todo es tuyo, inclusive yo
Todo eso tuyo puede ser
pero esta noche es para los dos
Quizá fue la mañana en que vendados los dos
descubrimos cómo eran las cosas
y sin abrir los ojos nos teletransportamos
adonde desearíamos estar
Entonces besas el hechizo
que me obliga a arrastrarme
entre Guinea y tus savanas
Nuestra sociedad no ayuda mucho
mientras la pasas bien yo lucho
Quizá fue la mañana en que vendados los dos
descubrimos cómo eran las cosas
y sin abrir los ojos nos teletransportamos
adonde desearíamos estar
Quizá fue la mañana en que vendados los dos
descubrimos cómo eran las cosas
y sin abrir los ojos nos teletransportamos
adonde desearíamos estar
Pero tanto lo siento
que sólo es un momento
que todos deberíamos pasar
Quizá fue la mañana en que vendados los dos
descubrimos cómo eran las cosas
y sin abrir los ojos nos teletransportamos
adonde desearíamos estar
Quizá fue la mañana en que vendados los dos
descubrimos cómo eran las cosas
y sin abrir los ojos nos teletransportamos
adonde desearíamos estar
para otra bomba de humo
y batirme en retirada
Nuestra sociedad me perjudica
vos no sos una chica cualquiera
Que ridículo es que pienses
que todo es tuyo, inclusive yo
Todo eso tuyo puede ser
pero esta noche es para los dos
Quizá fue la mañana en que vendados los dos
descubrimos cómo eran las cosas
y sin abrir los ojos nos teletransportamos
adonde desearíamos estar
Entonces besas el hechizo
que me obliga a arrastrarme
entre Guinea y tus savanas
Nuestra sociedad no ayuda mucho
mientras la pasas bien yo lucho
Quizá fue la mañana en que vendados los dos
descubrimos cómo eran las cosas
y sin abrir los ojos nos teletransportamos
adonde desearíamos estar
Quizá fue la mañana en que vendados los dos
descubrimos cómo eran las cosas
y sin abrir los ojos nos teletransportamos
adonde desearíamos estar
Pero tanto lo siento
que sólo es un momento
que todos deberíamos pasar
Quizá fue la mañana en que vendados los dos
descubrimos cómo eran las cosas
y sin abrir los ojos nos teletransportamos
adonde desearíamos estar
Quizá fue la mañana en que vendados los dos
descubrimos cómo eran las cosas
y sin abrir los ojos nos teletransportamos
adonde desearíamos estar
lunes, 8 de julio de 2013
Historias de No amor... o... quién sabe...
Freddy y Bia
Se conocen hace años. De la época en
que la plata era escasa. De la época en que iban al mismo gym, que pasaban
horas charlando, que se juntaban para hacer la nada y se sentía un enorme
placer.
En aquella época Bia tenía perfil
bajo, empleada administrativa, mirada furtiva pero sumamente interesante. Ojos
golosos. Boquita de corazón.
Freddy más canchero, gerente de
una tienda de revistas, siempre risueño, siempre jodón, lindo, altanero,
fresco. Una delicia.
Cada vez que veía a Bia, sentía unas
ganas incontrolables de besar aquella boquita. Lo hacía. Bia se dejaba.
La relación que tuvieron se basó en
esos besos, no tan apasionados pero mesurados, cohibidos y atrevidos, como si al
momento del encuentro les llegara una especie de besitis.
Freddy soñaba con ella, pero no había
lujuria exacerbada en su imaginación. Era solo ese besito.
Un día manejaba por una ruta bonita
cerca de las plantaciones de maíz y la vio que iba caminando despacito. Frenó
se bajó la besó y siguió su camino.
Una noche la cruza en una disco, la
agarra, la besa y se va. Era una besitis crónica.
Hasta que... decidió mudarse. Se fue a
la capital a estudiar. La dejó a Bia y a su boquita de corazón.
Siguieron el contacto por un tiempo
porque eran adorables esas charlas y ese tiempo compartido.
Hasta que... Bia tuvo novio.
Perdieron el rastro por muchos años.
...
Se encontraron en el verano en la
ciudad de origen. Sus orígenes.
Freddy estaba igual que siempre, más
maduro y mucho más interesante.
Bia estaba diferente. Bia estaba
mejor, Bia estaba increíble. Era difícil encontrar las palabras exactas para la
Bia de ahora.
Fueron a cenar a un reconocido
restaurant y mientras Bia rozaba la copa de vino con las yemas de sus largos y
finos dedos, Freddy la miraba y no podía dejar de sonreír. Estaba feliz.
Bia estaba seria, sexy,
irresistible...Rápida toma de una lo que queda de vino, lo mira con desdén y le
dice:
_ Fuiste el primer hombre que amé en
mi vida.
Se levantó, pidió la cuenta, pagó y
jamás, jamás volvieron a cruzar siquiera una línea de mail.
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