lunes, 30 de diciembre de 2013

domingo, 1 de diciembre de 2013

Echar las cartas – Mario Benedetti

Querida muchacha:

No te extrañe que te llame así. A pesar de los años transcurridos, para mí seguís siendo la muchacha de entonces, la que atravesaba la plaza de lunes a viernes, a las siete menos cuarto, cosechando las lúbricas miradas de los varones de la tarde. Todos te quitábamos con la imaginación el vestido floreado, aunque cada uno se quedaba con una revelación distinta.
Nunca dejaré de agradecerle al doctor Anselmi la noche en que nos presentó en el café Gloria y luego se fue discretamente, dejándonos por primera vez a solas con nuestro mutuo asombro. Y allí empezó todo.

Tres meses después tuve el privilegio de quitarte el vestido floreado (eran otras flores, claro) y encontré que superabas en mucho los prodigios de la intuición. Por suerte no eras perfecta, pero tu imperfección le otorgaba un signo irrepetible a mi enamoramiento.

Te preguntarás por qué te cuento todo esto que sabes de memoria, por qué rememoro el origen de los tiempos, o sea de nuestro tiempo. Tal vez porque estoy solo frente al mar y evocarte es una forma de sobrellevar la soledad. Las golondrinas, veloces como nunca, pasan y repasan el aire en su estreno de la primavera, y a mi vez yo, lento como siempre, paso y repaso mis inviernos. 

No sé por qué miro las varices azules de mis tobillos, flacos y cansados, y admito lo que fui y también lo que quise ser y nunca fui. En cada invierno pasado está tu imagen, ese retrato encuadrado que me espera en la pared del fondo de mi estudio. Y de la colección de inviernos surge nítido aquel en que me dijiste: No va más.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Nera, a mi no me señales, 
que me bajes el dedo, que no me señales, 
bajame el dedito ese, ahora! 

Yo soy el que nadie entiende, el loco demente, 
la voz del pueblo, el mas buena gente, 
todo lo que yo te hable va a ser desagradable, 
muy inteligente y supuestamente, poco saludable. 
Gracias a mis insultos, los niños tiene q escucharme bajo la 
supervision de un adulto. 

A los que me critican, a veces me dan ganas de tener una 
varita magica, 
para convertirlos en rana y sentarlos en el marco de mi ventana , 
y volarles la cabeza, como se la volo nirvana. 
Pero yo soy un tipo tranquilo, calmado, quieto, bastante pasivo, 
con casi nadie me meto, 
excepto con los religiosos, regetoneros, politicos, 
moralistas, posda, el fbi, la policia y por ahi sigue la lista. 

En una misma oracion repito mil veces la palabra a fuego, 
me gusta ver television mientras me toco los huevos, 
me gusta olerme los sobacos a ver como huelen, 
tambien admito que antes escuchaba a van helen. 

Siempre sufro de insomnio, 
le tengo miedo al matrimonio, 
antes de casarme, prefiero pelear con 20 demonios, 
morir de una sobredosis, tirarme 10 paraplegicas, 
vender un millon de copias con una letra generica 

Ven y criticame, yo soy asi. 
Yo soy asi, pues porque si. 
Y asi naci asi, me crie asi, 
me vo' a morir asi, oh si. 

Ven y criticame, yo soy asi. 
Yo soy asi, pues porque si. 
Y asi naci asi, me crie asi, 
me vo' a morir asi, oh si. 

Estudie en escuela publica y tambien en privada, 
por eso es que en la calle me salen bien la jugadas, 
a veces los del barrio tiene la idea equivocada 
y no saben que mi derecha baja igual de pesada. 

Soy clase media baja, desde la placenta, 
toda mi vida trabaje, para pagar la renta. 
Ando sin reloj, no tengo calendario, 
no creo en los modales, ni tampoco en diccionarios. 
creo que a veces me paso de la raya con mi letra violenta, 
tambien creo que no voy a llegar hasta los 40, no me importa 
si todo lo que escribo a ustedes los ofende. 

Tampoco me importa un carajo si este disco vende, 
si yo quisiera vender algo montaba una tienda. 
Prefiero regalarte musica, aunque tu no la entiendas, 
yo digo 50 malas palabras por segundo, 
porque la verdad es que me gustaria cambiar este puto mundo. 

Vivir una vida real como un ataque al corazon, 
real como tener sexo sin condon, 
real como cualquier barrio de cualquier planeta, 
real como mis hermanas, que no se han hecho las tetas. 

Me gusta que por mi discutan y que se peleen, 
tambien me gusta que me aplaudan y que me abucheen, 
me gusta dar lo que doy, me gusta ir donde voy, 
me gusta ser com soy, asi que... Oye! 

Ven y criticame, yo soy asi. 
Yo soy asi, pues porque si. 
Y asi naci asi, me crie asi, 
me vo' a morir asi, oh si. 

martes, 12 de noviembre de 2013

ESTADISTICAS INFAMES

1 BLOG
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4 EX NOVIOS
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69 POLISEXUALES
1 ASEXUADO
1 ZOOFILICO
2 PSICOTICAS CON COMPLEJO DE INFERIORIDAD
66 CELOSOS
1 CON PULSERITA DE COLORES EN LA MUÑECA
4 LINDOS
8 LINDAS
132 LOCOS








sábado, 9 de noviembre de 2013


EL FANÁTICO

Se dice que era un hombre fanático.

Pero la gente tiene miles de teorías con respecto al fanatismo.
 Lo cierto es que la pasión por el equipo le nació de chiquito. Lo cierto es que en una sociedad tan sexista y machista, esas son cosas de hombre, y mientras esté en esto, está bien, porqué para esta sociedad “los hombres son así”.
Resulta que un día  empezó a salir con una chica, y de entrada aclaró que amaba a su equipo. La chica lo aceptó, porqué a ella también le gustaba ese deporte, le gustaba verlo por la tele y también en vivo.
Así fue que lo acompañó a verlo, sin importar qué hacer de su día. Nada más quería estar con él y si para ello era necesario abrir mano de sus deseos así fue, así lo hizo.
Para su  cumple le regaló medias de su equipo, en otro más,  la camiseta de entrenar y hasta cogitó la posibilidad una o dos veces de hacerse seguidora.
Pero el tiempo tiñoso y mañoso muestra duras realidades. Al percibir que el lugar que su novio le daba en su vida era chicato y chico empezó a darse cuenta que la energía la metía en otra cosa.
Si su equipo andaba bien, alegría para todos. Si andaba mal, mal humor y el silencio.
Del equipo las camisetas, las medias, el toallón, las revistas, las notas en el diario, el plato los tenedores, la taza,  la torta de cumpleaños, el carnet, la cuota, el bonus, las fotos, las notas, los foruns, las fotos de la construcción,   y el… pasto.            ¿El pasto? … sí, el pasto.
La tormenta de los narradores de lunes a lunes y el deporte estampado en la tele todo el domingo el domingo entero el domingo todito hasta las 00:00. El  almuerzo en familia y el narrador. Claro.
Cuanta energía puesta en eso.
 En la semana a diario,  líneas y líneas escritas y discutidas con todos los aficionados, porque la gente es así, la gente quiere tener esa relación simbiótica, la gente quiere encontrarse… aaaa y las diablillas? Bah… dejémoslo ahí.
La relación tuvo su encanto, su enamoramiento, y entre miles de problemas, obvio que se estancó y desbarrancó. Casualmente su equipo  también.
El fanático a su novia,  hacía mucho bola no le daba. Con el descenso de su equipo, según él, también lo empezó a ignorar.
Los gritos exitantes de las pasiónes enmudecidos, las ganas de llegarle y desear que salgan que tengan fuerza... esquivados.

Y el fanático decidió que hay un antes y un después de la B. Como en las relaciones. Si vas al descenso, algo se rompe para siempre.

lunes, 28 de octubre de 2013

A algunos caprichos hay que ceder...
principalmente a los del Azar.
- EY!
-Sí, hola, sí..
- MIENTES
-No entiendo.
-MIENTES!MIENTES!MIENTES!

cólera, dolor, ahogo, lagrima
busca el aire, busca el aire, pulsa, pulsa...

- ¿HASTA CUÁNDO?
- Hasta siempre.
   Hasta que se vaya el miedo, hasta que pueda conducirlo yo, moldarlo, frenarlo, ganarlo.

lagrimas, aire,

- LLORA EL CUERPO PORQUÉ NO AGUANTA.
- lo sé. Todo lo sé. Miento. Sé que sabes que miento. A vos te puedo mentir.




miércoles, 23 de octubre de 2013

... é muito engraçada essa coisa das palavras nos idiomas.

Com o passar do tempo você acaba descobrindo que inclusive há palavras inexistentes em um ou outro.

Alguns exemplos:

mamarracho -  é impossível trasladar isso ao português, não existe melhor definição quando você diz em espanhol. A tradução é um mamarracho, pois mamarracho é isso mesmo, essa porcaria tirando mais pro chulezento e brega. É como juntar tudo que há de mal feito feio e fedido e fica assim - mamarracho.

Adoro mamarracho.

cucurucho - Tem coisa mais linda que um "cucurucho"? ah, não tem. O cucurucho tem formato de cucurucho, cara de cucurucho e gosto de cucurucho. E pra falar então¿ que fonemas mais gostosos...
diferente de casquinha... que pode ser de siri, ou de qualquer coisa que possa envolver, cobrir um pouquinho outra coisa, mas cucurucho não... cucurucho é só para o sorvete ... um cucuruchito enche o coração de amor.

Amo cucurucho.

Te quiero - o "te quiero" é fantástico. Como em português não o temos, e não o usamos da mesma forma, é como se nos eximíssemos da responsabilidade de um sentimento maior que o simples gostar. Você pode mentir e querer igual. Acho que o "te quiero" é essa coisa "de onda" que também não temos, pois não fazemos em português nada de onda, porque tudo é de onda até levar as coisas a um extremo.

Quero o te quiero.

Palavras... tem que escolher bem. Amo as palavras

cucurucho


repartiendo canciones  esta es para vos...

y esta es para vos...

e esta é pra você


http://www.youtube.com/watch?v=T7m7joaw5I0



viernes, 18 de octubre de 2013

domingo, 13 de octubre de 2013


"País de guante blanco, encantador, canalla y narcisista, de tangos engolados y amores de todo o nada. Acostumbrado a mirarse en el espejo, con una insana proporción de psicoanalistas por metro cuadrado a pie de urbe. Con cierta ironía, se suele decir que el ego es el argentino que todos llevamos dentro"

viernes, 11 de octubre de 2013

PRONOMBRES




ME 
             corto el pelo sola
              da pereza peinarme
              cuesta decir apodos cariñosos
              gusta "nena"
              disgusta "niña"
              fascina tu mirada
              muero cuando me miras y no te miro

TE 
          sé de memoria
            olvido a menudo
            busco
            encuentro
            tengo por siempre
           
SE 
           me olvida a menudo peinarme
           cae el cielo si en tus ojos me miro
           nota que soy tu nena
         
     
             

             
             
             

martes, 8 de octubre de 2013

EXAGEROS III

No disfruto mucho  tomar helado, porque me pasa algo...

si lo tomo a temperaturas de 25º o menos, tiemblo... termino de tomarlo y tiemblo.
Generalmente si tomo helado, un cuarto, lo que es un montòn de crema frìa en mi interior que siempre hierve, lo hago en piyama, bata y acolchado.

PERO CON VOS...

SOLO CON VOS...
QUIERO TOMAR HELADO EN EL BORDE DE UN RÌO CUALQUIERA EN  OYMYAKON


lunes, 7 de octubre de 2013


Cuando todos se fueron, quedaron los dos solos y junto a ellos la intimidad que no había nacido antes.

Junto a ellos el sillón rosa y todas las dudas del mundo.
Él otro era tan y solamente un mundo a explorar.

Sin más, se lamieron, se comieron, se olieron y entraron uno en el otro y eso fue PARA SIEMPRE.



domingo, 22 de septiembre de 2013


HISTERIA... EL OTRO LADO

A: - ¿hey qué hacés de nuevo detrás mío?
B: - no pude evitarlo
A: - Andas muy mimoso hoy
B: - Eres el amor de mi vida.
A: -El amor de tu vida.?Una mujer que vive en otro país, quiere a otro hombre es el amor de tu vida? qué jodido estás.
B: - Sí. No me importa.El amor no entiende de eso.





INFAME
INFAMEEE

!

El APOGEO DEL HISTERIQUISMO.


Algunas otras actitudes del histérico son reiteradas invitaciones que, por supuesto, nunca se concretan, falsas promesas que hasta te empalagas al escucharlas, y mucha…mucha excusa de por medio. Una frase my típica del histérico es: “me moría de ganas de verte”. Si te morís de ganas de verme, me raptas, flaco, no me mandas un mensaje quedándote con las ganas. Y menos que menos…dejándome a MI con las ganas! Qué parte no entendiste?

Lana

... yo te voy a presentar un hombre de verdad, que te hace la comida, no solo hace la comida, sino que esa comida la mató el mismo por la mañana

Luciano

... esos tipos se alimentan de ilusiones, viven a pura masturbación.

Anto

José Luis Rodríguez -psicoterapeuta, especialista en sexología clínica y docente universitario- “definir el histeriqueo como un escarceo de seducción puede resultar insuficiente, ya que es un juego perverso en el que seducir difícilmente se concreta, y lo que se busca es llamar la atención y alimentar la propia autoestima”. 


¿Qué onda? ¿Ni siquiera para tener relaciones son claros o les da miedo que ver dos veces a la misma persona pueda ser peligroso para su carencia de compromiso afectivo?” 
Clara

Un grito sordo en la oscuridad, una señal de humo que no llega, una tendencia que se repite hasta bien pasada la adolescencia para darnos cuenta que en el fondo, se quiere los mismo: llegar a conectarse, el desafío parecería ser el aprender cómo.
Analía

y la verdad, es que se rompen demasiados corazones y muy pocos respaldos de cama. 




sábado, 21 de septiembre de 2013

El uno para el otro
por Hernán Casciari
Salir de casa para cenar con gente implica una serie de actividades molestas: bañarse, vestirse, perderse un partido de la Eurocopa, comprar un vino caro, sonreír dos horas sin ganas, a veces tres. Que te acompañen por las habitaciones para que veas una casa que no te importa. Dejar a tu hija con los abuelos, extrañarla. Cenar sin tele, sin cocacola, comer ensalada de primer plato, no desentonar, no fumar si no hay ceniceros a la vista. Muchísimo menos sacar la bolsita feliz. Son demasiadas cosas para la edad que tengo.
El viernes padecí una de estas cenas absurdas que ocurren cuando estás en pareja: Cristina tiene una amiga íntima que se fue a vivir con un señor. Hasta ahí todo bien. El problema empezó cuando entre las dos organizaron una cena. Corrijo: el problema empezó cuando me incluyeron en la cena.
Porque hasta entonces Cristina tenía una amiga soltera con la que almorzaba o cenaba cada tanto, pero ellas solas: yo no participaba en la relación. Pero ahora, que la amiga vive en pareja con alguien, me invitan. Supongo que por una cuestión de simetría.
—Quieren que conozcamos la casa —me dice Cristina—. Además él parece majo.
—Ningún hombre que acepta cenar a la misma hora que se juega la Eurocopa es majo —sentencié—. Es puto.
Llegamos a las nueve en punto, con un vino en la mano. Mireia, la amiga de Cristina, estaba radiante, colgada del brazo de este buen hombre, al que no conocíamos. La casa era la de él. Una casa moderna, en las afueras de Barcelona.
—Él es Pol —dijo Mireia.
—El famoso Pol —dijo Cristina, y le dio dos besos. Yo le di la mano y sonreí.
Pol era de esos tipos más jóvenes que yo, tres o cuatro años menos, pero que me generan el mismo respeto abismal que si tuviera veinte años más. La ropa le quedaba bien, estaba afeitado y se movía como si fuera grande. Esa clase de gente pulcra por convicción, no por mandato de la mujer o la madre. A Pol, con toda seguridad, nadie le dijo aquella tarde que se bañara y se pusiera perfume a los costados del cogote. Lo hizo solo, lo hizo por gusto. Era esa clase de gente incomprensible.
La cena, como es lógico, transcurrió por el andarivel de los lugares comunes. Una charla lánguida en la que se escuchaban los ruiditos de los tenedores contra los platos. Se notaba que ellas —Cristina y Mireia— tenían muchas ganas de hablar a calzón quitado sobre temas propios de mujeres; se notaba también que no lo hacían por culpa de nuestras presencias masculinas. ¿Por qué entonces habían organizado una cena de cuatro?
Más tarde entendí que ésa era la única manera de que Cristina pudiera conocer a Pol sin apuros —conocerlo de un modo social, quiero decir— para así después, a solas con su amiga, sacar conclusiones. Nosotros éramos muebles en la reunión, elementos anecdóticos. Y yo más que nadie.
Tuve una breve presencia discursiva durante la cena. Fue cuando el tema fue nuestra hija. No me cuesta hablar sobre esa cuestión y además los anfitriones parecían estar muy interesados en ella, aunque no tanto como para haberla invitado. Todo hubiera sido diferente con Nina en la mesa: yo habría podido hablar con alguien de mi edad.
En general la charla la llevaban las mujeres. Pol y yo nos sonreímos, en silencio, un par de veces. Al principio de la noche intenté sacar el tema futbolístico, pero no encontré respuesta por su parte. Él después me tanteó en cuestiones de negocios, pero yo bajé la vista y mordí una aceituna. No tardamos más de un minuto en sabernos incompatibles, y desistimos con hidalguía.
Sin embargo ocurrió algo que me reconcilió un poco con él. En cierto momento, a los postres creo, me hizo una mueca leve: entornó los párpados, levantó las cejas y movió la cabeza de arriba a abajo. Era el gesto masculino universal, el que dice: Hermano, aguantemos que falta poco. Me hizo bien saber que no era yo el único que llevaba el peso del aburrimiento en la mesa.
Cuando llegaron los cafés Mireia nos contó cómo se conocieron, ella y Pol. No podía faltar la minucia romanticona. Por lo que oí, ambos trabajan en la misma multinacional, ella de secretaria ejecutiva y él como responsable de recursos humanos. Aburridísima anécdota. El amor empezó a cuajar, por lo visto, en los pasillos de la empresa.
—De a poco —nos contaba Mireia, con una sonrisa gigante de mujer enamorada—, Pol empezó a hacerme obsequios imprevistos. Primero una flor, después un libro. Más tarde unas sandalias.
Pol sonreía, incómodo. Yo intentaba no mirarlo.
—Qué galán —dijo Cristina.
—Pero lo increíble de sus regalos —siguió Mireia—, es que nunca falló con mis gustos. La flor, una orquídea; el libro, de Coelho; las sandalias, de Koh-Tao…
—Como si te conociera de toda la vida —dijo Cristina, emocionada, y me miró con asco, posiblemente recordando el long play de Pappo’s Blues que le regalé para nuestro aniversario.
—Sí —aceptó Mireia, tomando la mano de su media naranja, y mirándolo a los ojos—, como si fuésemos almas gemelas.
Pol parecía intranquilo. No porque Cristina conociese esas intimidades rococó, sino por mi presencia observadora. A ningún hombre le gusta que otro escuche los detalles melosos de sus galanterías.
Hice un esfuerzo inhumano en favor de la raza:
—Pol —le dije, levantándome—, ¿me indicás dónde hay una terracita o algo, para fumar un cigarro?
Nos fuimos escaleras arriba, con dos cervezas. Todavía no habían desaparecido nuestros talones del comedor cuando las voces de Cristina y Mireia se convirtieron en murmullo cómplice y en risa ahogada: ya estaban hablando, por fin sin testigos, en el tono con que ellas solían hablar a solas.
—Disculpa lo del cigarro —me dijo Pol, ya acomodados en un balcón inmenso—, pero prefiero que los invitados fumen fuera.
—No quería fumar —mentí a medias—, quería salvarte de la charla cursi. Y salvarme yo también de tener que escucharla… Las intimidades me ponen nervioso.
—A veces conocer los secretos de los demás puede ser muy útil —me dijo con misterio, y bebió su cerveza.
Había cambiado la voz. De repente, al aire libre y con la luz de la luna, era otra clase de hombre, distinto al que había sido durante la cena. O eso me pareció.
—¿Quieres que te cuente, de verdad, cómo conocí a Mireia? —me preguntó, y aquí viene el motivo por el que estoy escribiendo esto.
—Contame, claro —y prendí un cigarro.
—Yo trabajo en tecnología, y aparte de que mis tareas incluyen controlar lo que hacen en Internet los cuatro mil empleados de la compañía, hace un año activé un sistema que me permite ver qué buscan los empleados en el Google.
—¿Eso no es ilegal?
—Es útil, lo útil nunca es ilegal —me dijo—. Google es una herramienta increíble. Las personas acuden a él como hace mil años acudían a los brujos, o al oráculo… La gente hace las preguntas más inverosímiles, pero son también preguntas decisivas. El buscador es una especie de Dios personal que no juzga, que solamente ofrece respuestas aleatorias, en general muy malas respuestas. Pero qué importa…
—Lo importante en tu trabajo no son las respuestas —intuí.
—Exacto —dijo Pol—. Lo que importa son las preguntas, las búsquedas en sí mismas. Un empleado con acceso a Internet busca cosas veinte o treinta veces por día…, diferentes cosas, siempre según su estado de ánimo y su necesidad vital. Si tú pones en papel las búsquedas que hace una persona en un año, tendrás el verdadero diario íntimo de quien quieras. El diario íntimo que nadie se atrevería a escribir.
Pensé en mis búsquedas privadas de Google. Me avergoncé tímidamente y le di la razón en silencio.
—La gente tiene inquietudes muy curiosas —me dijo Pol—. Ciertos gerentes de mi empresa, en apariencia muy seguros de sí mismos, buscan perfumes con feromonas para atraer mujeres. Por ejemplo. Algunas administrativas veteranas, con hijos ya adolescentes, ésas que se desviven hablando de su familia y tal, buscan todas las tardes videos de mujeres besándose. Hay un cadete al que le gusta ver fotos de viejas desnudas, ancianas de noventa años con las tetas por las rodillas, como uvas pasas, cosas por el estilo. Y así te podría contar la historia secreta de la Humanidad, a escala. Lo que hacen cuatro mil personas en una empresa no es muy diferente a los que hacen seis mil millones en el mundo entero.
Me vino a la cabeza, inmediatamente, aquel cuento de Borges en donde un cartógrafo decide componer un mapa que lo incluya todo y que, después de muchos años de trabajo, descubre que el mapa tiene la forma de su propio rostro. Estuve a punto de comentar esto, pero me interesaba mucho más que Pol siguiera con su monólogo.
— Desde hace un año, las búsquedas de todos mis empleados quedan guardadas en inmensos data warehouses —lo dijo en perfecto inglés—. Con esa información yo saco conclusiones a nivel management, claro. Pero también puedo saber, por ejemplo, qué tipo de flor le gusta a la nueva secretaria.
—O qué libro de Coelho.
Él rió.
—O qué marca de sandalia —me dijo entonces, con su verdadera sonrisa, que era una muy diferente a sus sonrisas de la mesa—… Mireia primero me entró por los ojos, desde el primer día que la vi aparecer por la puerta. Pero desde entonces mi trabajo fue minucioso: empecé a saber qué quería, qué temía, qué cosas la motivaban, qué compraba y qué vendía. En qué creía y, sobre todo, qué estaba dispuesta a creer. Con la mitad de esos datos, te follas a cualquier mujer en hora y media de charla. Imagina entonces lo que puede hacer un gobierno con las búsquedas de un pueblo entero.
Me lo imaginé y me dio asco. No el mundo, sino el nuevo Pol, el Pol de la terraza. Preferí mil veces al otro, al tímido que tomaba de la mano a su novia y la miraba a los ojos en la sobremesa. Pero ya no vería más a aquél, porque había conocido a éste. Y éste mataba al anterior.
El otro, el Pol galante y primerizo, seguramente era ahora mismo el tema de conversación en la charla femenina del comedor. Mireia le estaría confesando a Cristina que su novio nuevo era perfecto y sensible, que conocía mágicamente sus preferencias en la cocina y en la cama. Que le gustaban las mismas canciones, los mismos libros, que hacían el mismo zapping, que planeaban sus viajes con certeza telepática.
—Ahora estoy investigando a una tetona que entró hace dos meses al departamento de prensa —me decía Pol, pero yo casi no lo escuchaba—. Una rubia hermosa: le gusta ver fotos de gente atropellada. La semana pasada me le aparecí fingiendo una muñeca fracturada y me comió con los ojos. La tengo ahí, pidiéndome por favor.
Pero yo no estaba más en el balcón. Seguía pensando en la conversación de abajo. En la pobre Cris, escuchando y quizás envidiando todas aquellas maravillas sobre las parejas ideales y los varones perfectos. La idealización del amor, los hombres que usan la camisa adentro, los hogares libres de humo, la íntima sensación de haber dado con la persona correcta… El uno para el otro, siempre. ¿Por qué le regalé a Cristina ese long play para nuestro aniversario? ¿Qué buscará ella en Google? ¿Cómo se me ocurre pensar que a una catalana le puede gustar Pappo’s Blues? No. No hay respuestas para todo. No es bueno que las haya.